"Quizás porque nací en domingo,hija del sol,mi vida está llena de prodigios.Yo he oido campanillear los árboles del bosque a mi paso,las grullas me han llevado en su vuelo hasta las tierras pardas del sur,y he visto danzar a las hadas...


Como ellas quisiera ser:hermosa y fuerte,resplandeciente,poderosa para convertir en pan la mugre de los pobres,en salud el dolor de los enfermos y en gozo la pena de los desdichados.
Pero tan solo soy Elisabeth,duquesa de Baviera.Mis trenzas se deshacen apenas las he peinado,y mi corazón sufre a menudo.
Entonces escribo poemas,para hechar fuera la congoja que me invade cuando oscurece,la fatiga de un cuerpo que no se atreve a vivir lejos de la luz.."

(Angeles Caso,del libro "Elisabeth,Emperatriz de Austria-Hungria,el Hada Maldita")




Elisabeth Aurelia Eugenia de Wittelsbach, duquesa de Baviera, Emperatriz de Austria-Hungría

Nada tiene que ver con la verdadera vida de Elisabeth, el personaje que a mediados del siglo pasado el cine mostró de ella. Tal vez lo único parecido sea la belleza de Romy Schneider, pero la melosa historia contada ni se parece a la cruda realidad.
La historia de la Emperatriz cuyo verdadero reino fue la soledad, donde se encontró a sí misma...Por más que haya quien lo dude.
Con una cultura fuera de lo común para la época esta mujer recorrió los caminos de una dura vida entre lujos e intrigas palaciegas. Nacida princesa para su desgracia, se unió en matrimonio con el más codiciado soltero de la época y sin proponérselo: Francisco José Emperador de Austria.
Llego a Emperatriz de Austria y Reina de Hungría entre otros títulos, cuando en realidad lo único que anhelaba era ser ella misma.
Envidiada por la corte y adorada por los pueblos, con una belleza que deslumbraba a quien la viera, escapó de sus obligaciones porque su necesidad era cultivar su interior.
SU INFANCIA
Nacida en Munich en la Navidad de 1837 vivió libremente disfrutando de la naturaleza, hasta que los planes de Ludovica, su madre y su tía Sofia la llevaron a festejar el compromiso de su hermana Elena con Francisco José en Ischl en el verano de 1853.
Deslumbrado Francisco José por esta apenas niña de 15 años, sin darse cuenta la llevó a un mundo donde sólo encontraría tristezas.
Elisabeth aceptó casarse con su primo. No hubiera podido negarse aunque lo hubiera querido. Aún no había cumplido 16 años y su mundo de ilusión iba a aterrizar muy rápidamente en la negra realidad.
LA BODA
Quizás la más fastuosa de la época, se llevo a cabo en Viena en abril de 1854. Poco duraría la felicidad de los novios. Elisabeth pronto descubrió que su cuento de hadas era sólo eso, un cuento de hadas. La realidad la golpeó cuando comprendió que su obligación era darle herederos a la corona y someterse a un protocolo para el cual no estaba preparada.
Adiós libertad, adiós infancia. Adiós a una vida entre la naturaleza rodeada del amor de su familia.
Se encontró sola en un país extraño, con un joven e inexperto marido dedicado a gobernar y una suegra que no ahorró nada para amargarle la vida. Pasaba sus días escribiendo sus tristezas, añorando los Alpes y a sus padres y hermanos, cabalgando por los bosques de Viena haciéndose la ilusión de estar en Possenhofen y pensando que todo cambiaría algun día y al fin sería feliz...
Claro que, traducidos al español carecen de la fuerza con que fueron escritos estos versos delatan el estado de ánimo de la joven emperatriz:


"Vuelve la joven primavera
y con fresco verdor adorna el árbol;
tiene para los pájaros unas canciones nuevas
y da nueva belleza a cada flor.

Mas.....¿de qué me sirve la alegre primavera
en un lejano y extraño país?
Añoro el sol de mi tierra
y las orillas del Isar."

 
A partir de su boda escribió a su libertad perdida. Se sentía presa en una jaula de oro...jaula al fin...
LA LLEGADA DE LOS HEREDEROS
Cuanta esperanza sintió Elisabeth cuando al poco tiempo supo que sería madre. Ya no estaría sola. ...
Y sin embargo volvía a equivocarse.
Apenas nacida Sofía le era arrancada de su lado. Su augusta suegra se ocuparía de ella. Y así otra vez la soledad era su compañera.
Empezaron sus huídas de la corte,lo que se transformaría con el correr de los años una costumbre criticada al extremo.
Nació luego Gisela repitiéndose la historia...hasta que cansada desafió a Francisco José "O tu madre o yo" consiguiendo la tenencia de las niñas, lo que la llevaría a la mayor desgracia.
Los emperadores viajaron a Hungría llevándose a las niñas que no gozaban de muy buena salud en ese momento. Sofía empeoró y se transformó haciendo eco de las palabras del emperador en "un ángel en el cielo".
Ya no habría paz en el corazón de Elisabeth, a quien su suegra no dejaría de culpar por la muerte de la pequeña.
Comenzaron para Elisabeth,la fiebre y los malestares, la depresión y las enfermedades que seguramente no eran más que enfermedades de su alma por tanto padecer.
En este clima llegó al fin el ansiado heredero Rodolfo y Elisabeth habiendo cumplido su deber de reina empezaría a alejarse cada vez de sus hijos, su marido y sus obligaciones.Ya le había dado heredero a la Corona. Ya había cumplido. Que la dejen en paz.
EL MAR
En 1857 descubrió el mar. Y firmó un pacto secreto con él. El sería su compañero,su aliado...por sus aguas escaparía de la corte y de todo cuanto la agobiaba. Por sus aguas llegaría a remotas islas, se sentiría la heroína de mil cuentos de hadas, Se sentiría al fin libre. Era ella nuevamente. Pero Viena sigue existiendo y hay que volver a veces. De nuevo las enfermedades y la fiebre. De nuevo consultas médicas. Y otra vez la libertad que se vislumbra...."Su majestad debe recuperarse en un clima más benigno"...Palabras mágicas de los médicos.
En cuanto salía de Viena, aún cuando en la corte la creían moribunda, mejoraba a los pocos días.
Por el mar llegó a Madeira, luego Corfú donde quedaría instalada en su hermoso palacio El Achilleion y donde podía caminar entre la gente común que la llamaba La Locomotora.
HUNGRIA
Hungría fue para Elisabeth, el desafío político único y al que dedicó más tiempo que a cualquier otra actividad oficial.
Enamorada de esa tierra no más verla, no cejó de presionar a Francisco José para conseguir las mejoras y previligios que los húngaros reclamaban. No habrá de conseguirlos todos pero si algunos que hicieron posible un poco de paz.
Pasó largas temporadas entre los húngaros donde se sentía casi como en su casa de la infancia.Ella sentía ser Reina de Hungría no emperatriz de Austria. El pueblo encontró una aliada en la joven y finalmente después de años de disputas los emperadores de Austria fueron coronados Reyes de Hungría. Adorada por este pueblo quiso que naciera en él su cuarto hijo pensando que les dejaría un rey. Nació una niña, su hija María Valeria, la única, como era llamada por la corte de Viena, a la que celó y dedicó su tiempo y se ocupó de todos los detalles de su vida. Con ella, Elisabeth, pudo encauzar su amor de madre.
Tanto era el rencor que Viena sentía por esto que no dudaron en tachar a la niña de princesa húngara, llegando incluso a decir que era hija del conde Andrassy, el eterno enamorado de Elisabeth. Bien se encargó el tiempo de desmentirlo, cuando la niña creció fue el fiel retrato de su padre : Francisco José.
Como este muchos amores le fueron atribuidos a Elisabeth. Cada uno que se acercaba y no gustaba a Viena, se transformaba en amante. E, invariablemente desaparecía de la acción. Bien porque era llamado a Viena, bien porque era enviado a alguna guerra.
Asi paso con el joven conde Imre de Hunyady, apuesto caballero que acompañó a Elisabeth durante su estancia en la Isla de Madeira. A quien la unía su afición por el mar y los caballos.
Nunca se aclaró en que circunstancias desapareció el conde, pero cosas como éstas eran comunes en la vida de la emperatriz.
Durante años, Elisabeth paseó su tristeza por el mundo, desencantada de la gente y de la vida, todas las tragedias la acompañaron.
Admirada por el mundo entero, ya que su belleza transpasó las fronteras de Europa, hizo del cuidado de su cuerpo un verdadero culto. Sus cabellos eran un templo y llegó al agotamiento físico sólo por conservar su peso.
Se rodeó de artistas y poetas y su afición al estudio y la lectura la llevaron a hablar muchos idiomas difíciles, entre ellos el griego, por el cual sentía una extraña debilidad.
Su afición por la equitación la llevó a practicarla hasta el cansancio, transformándose en una experta amazona. No tenía límites, como en muchos otros aspectos de su vida. Viajó a Inglaterra, Irlanda, Escocia seguida por su séquito y sus caballos que le costaban una fortuna.
LUIS II
Luis II de Baviera, llegado al trono a los 18 años y primo hermano de Elisabeth, compartió con ella su afición por el arte y la lectura. Su trágica muerte, aún no esclarecida del todo, sumió a la emperatriz en el más negro de los tormentos y le hizo entrar casi en el misticismo, ya que en las noches veía a Luis que le traía mensajes desde el más allá. Todo lo bello que fueron se transformó de pronto en una pesadilla. Quedaron atrás los años de juventud, de ilusión y camaradería donde o navegaban por el lago llegando al paraíso de la Islas de Las Rosas o compartían los largos paseos a caballo por los bosques de la región. En la sociedad de su época fueron dos príncipes, en la realidad de la vida dos seres solitarios a quienes el contacto con los demás humanos sólo les causaba heridas.
RODOLFO
Heredero del trono del Imperio y tercer hijo de Elisabeth, fue en realidad su calco. Su padre hubiera querido un hijo duro para dejar en su lugar, pero Rodolfo era hipersensible al igual que su madre y nunca logró tener una buena relación con el emperador.
Si bien siempre buscó la aceptación de su madre, se le puso enardecidamente en contra en cuanto a sus preferencias espirituales y sobre todo en contra de la práctica del espiritismo al cual se volcó Elisabeth con frenesí en varias épocas de la vida. Ella no sólo frecuentaba adivinos y era sumamente supersticiosa sino que concurría a sesiones de espiritismo lo que le valió la réplica de Rodolfo en varias ocasiones.
Rodolfo, entre su afición a las mujeres y la droga termino una noche, supuestamente,suicidándose en su pabellón de caza,en Mayerling.
Fue el golpe de gracia que la vida le dió a Elisabeth y del que ya no se repondría.
Despues de la muerte de Rodolfo, Elisabeth vagó por el mundo como un alma en pena, encontrando la suya propia en manos de un anarquista, en Ginebra en 1898.
De la sublime Sissi de la juventud sólo quebaba un cuerpo destrozado en la Cripta de Los Capuchinos.
Su espíritu habrá encontrado la paz por la que tanto caminó?... No lo sabemos. Sólo sabemos que las almas del futuro a las que dedicó sus poesías, la recuerdan aún despues de un siglo de su desaparición y a medida que pasan los años vamos descubriendo a la verdadera Elisabeth que seguramente nos volverá a sorprender en un futuro cuando terminen de abrirse los armarios.
El Imperio terminó hace años, Viena sigue bailando y en sus palacios y castillos hay aún mil secretos por descubrir.